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Día Mundial del diseño gráfico

Hoy es el día mundial del diseño gráfico y por eso implicamos a algunos de  nuestros cracks del departamento Seis Sombreros  para que nos cuenten qué significa para ellos esta disciplina: sus comienzos, la evolución, la música, el cine, su vida impregnada de diseño…

El Señor Gráfico,  por Ana Botella, diseñadora en Seis Sombreros

Vivimos en una época eminentemente visual en la que la mayoría de las cosas que nos rodean hacen uso de mi persona. Desde que nos levantamos, en redes sociales, internet, en tu casa, en la calle… yo siempre estoy presente.

Si me preguntaras quien soy, te diría que soy arte y práctica y que en mi día a día soy un aliado de las palabras, las imágenes y las formas gráficas.  Te diría que también soy un gran observador y creo que esa es la clave de mi éxito. Observar, mirar, buscar, remirar, descubrir, volver a observar sin dejar de pestañear.

Me he ido adaptando a los tiempos y mi evolución ha sido constante. Mis abuelos con utilizar colores primarios, lápiz y papel era suficiente, luego mis padres empezaron a utilizar los primeros ordenadores, modos de color RGB y CMYK, tipografías… A mí solo el ordenador se me queda corto! En mi mesa de trabajo tengo tableta gráfica, móvil, pantoneras y mil ventanas abiertas con programas de retoque, de edición, vectores, imágenes, códigos html… y hay días que me pregunto… qué pasará con las futuras generaciones? Diseñarán sobre pantallas táctiles flotando sobre el aire…?

Quizás así ocurra, el desarrollo de las nuevas tecnologías y la inmediatez serán las premisas máximas, pero como en todos los ámbitos de la vida, todo es cíclico, todo vuelve y todo cambia y volverá a estar de moda el lápiz y el papel, los carboncillos, se dará valor al dibujante tradicional e incluso a las pinturas rupestres.

Y pasarán los años, nuevas generaciones, estilos y modas pero te digo que habrá algo que siempre estará ahí y que nunca cambiará…  no dejes de OBSERVAR porque la esencia de nuestra profesión es la cultura visual.

Foto de mundopiruuu.com
Foto de mundopiruuu.com

 

El origen, por Javier Amat, diseñador en Seis Sombreros

Ya desde pequeño empecé a disfrutar mucho dibujando. Al principio, copiaba a los personajes de cómic de la época: Superlópez, Mortadelo y Filemón, Spiderman, Mazinger Z, etc. De hecho, solía dibujar en clase mientras el profesor impartía clase. La verdad es que no se me daba mal. Mi afición a los cómics, y a otras artes como el cine, la lectura, los videojuegos, etc. crecía más y más. Pero para mí solo eran formas divertidas de pasar el tiempo, nunca imaginé que serían elementos clave para mi formación y desarrollo profesional.

Terminando casi de milagro el Bachillerato, una amiga me contó que estudiaba fotografía en una escuela de arte, y que allí se podían estudiar varias disciplinas relacionadas con el arte y el diseño. En ese momento escuché por primera vez lo de “diseño gráfico”. Ahora todo el mundo sabe lo que es, más o menos, pero en esa época (ya hace unos añitos) no era así.

Me informé sobre ello y lo ví claro como el agua; “Voy a estudiar diseño gráfico”. Estudié en la Escuela de Artes y Oficios de Alicante y, desde entonces, ha sido y sigue siendo mi profesión y sustento.

Lo mejor de todo es que el diseño gráfico, siempre ha tenido una gran importancia en todo aquello que me apasionaba: las carátulas de los discos, los posters de cine, portadas de libros, videojuegos, diseños de camisetas, etc.

Me considero afortunado por poder trabajar este mundo en el que puedo desarrollar el arte y la creatividad de mil maneras diferentes y me permite, de alguna manera, seguir siendo ese niño que hacía dibujos en clase.

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The music, Javi Guillén, diseñador en Seis Sombreros

Todos tenemos un comienzo. En mi caso, corrían los principios de los años noventa y, como otros muchos chavales de instituto de aquella época, no tenía ni idea de qué iba a hacer con mi vida. La World Wide Web acababa de nacer y el acceso a la información iba llegando a cuenta gotas. Eramos una generación educada en la calle, nuestra cultura se gestaba gracias al boca a boca y, muchas veces, nuestros sueños se formaban a base de píldoras de esperanza y libertad que venían transmitidas por la música y por algunas imágenes, películas ochenteras y programas de televisión de aquel entonces como los de la MTV.

Afortunadamente, crecí en un hogar bien educado musicalmente, escuchando, desde muy pequeño, a The Beatles, The Beach Boys, Billie Holiday o Michael Jackson. Recuerdo que el “California Dreamin’” de The Mamas & The Papas o “San Francisco” de Scott Mckenzie me hacían soñar, y aún lo hacen, con surfear las playas de California, donde el sol siempre luce y las chicas van patinando en bikini. Aquello era como descubrir un nuevo mundo ideal, lleno de vida, aventuras y diversión, lejos de la vida cotidiana, acomodada, y muchas veces aburrida, de nuestra ciudad.

Y, entonces, en uno de esos videoclips de surf o skate que salían en la tele, sonó una música rápida y eléctrica, melódica, a la que llamaban punk rock…y, desde el primer momento, ese sonido me enganchó! Me enganchó porque era una música sencilla, hecha por chavales como yo, con las mismas inquietudes y frustraciones. Cantaban a la libertad de elección y pensamiento, eran rebeldes en busca de sueños y libertad. Muchos de aquellos discos lucían portadas con aire adolescente, con ilustraciones muy coloridas, con un aire irreverente, jugaban con el doble sentido y te invitaban a ser valiente, a pensar y actuar de forma diferente, a ser honesto, genuino y fiel a tu forma de ser.

Fue entonces, en la era de los cassettes y los primeros cedés, cuando empecé a interesarme por el diseño gráfico, creando portadas para recopilaciones llenas de temazos punk que luego regalaba a mis amigos. Siguiendo mucho a Mark Ryden por sus obras para Michael Jackson y a Mark DeSalvo, Derek Hess o Jim Phillips por sus ilustraciones que han marcado el estilo y cultura de una generación. El intercambio siempre fue conocimiento, gracias a todos esos discos y fanzines que caían en mis manos, tan diferentes y difíciles de encontrar. Pequeños tesoros que forjaron mi cultura, mi identidad, y que a día de hoy aún me acompañan recordándome que, tanto en mi ocio como en mi profesión, hay que intentar hacer siempre las cosas con pasión.

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