Un dilema eterno, ¿hacemos publicidad o arte?

Arturo G. Puntes, diseñador gráfico en Seis Sombreros Creativos.

Se ha escrito mucho sobre el tema. El ser humano, obsesionado con estructurar su mundo, busca constantemente analizar, dividir, etiquetar y clasificarlo todo. El fin de esta obsesión sería la búsqueda de una definición del todo.

Sin embargo, nunca da la vuelta completa y vuelve al principio… si lo hiciese, se daría cuenta de que tal partición no existe, y que todo está relacionado en una especie de cadena de elementos que, con variaciones muy pequeñas, lo conectan todo.

Campaña El Corte Inglés
Campaña El Corte Inglés

En la Publicidad y en el Arte ocurre lo mismo. En ocasiones, una materia toca a la otra en un pequeño punto y se crea una confusión. En realidad, si nos atenemos a los significados de las palabras según la RAE, la diferencia parece clara:

Publicidad:

1. f. Cualidad o estado de público. La publicidad de este caso avergonzó a su autor.

2. f. Conjunto de medios que se emplean para divulgar o extender la noticia de las cosas o de los hechos.

3. f. Divulgación de noticias o anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores, usuarios, etc.

Arte:

1. amb. Virtud, disposición y habilidad para hacer algo.

2. amb. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

Partiendo de las reflexiones que ya hiciera Luis Bassat en su obra «El libro rojo de la publicidad», podríamos decir que la Publicidad consiste en transmitir un mensaje y provocar, desde el punto de vista comercial, una necesidad inevitable de la que se convence a la gente.

Por otro lado, para definir el Arte podemos partir del clásico ensayo del novelista León Tolstói, «¿Qué es el arte?». De acuerdo con él, podemos entenderlo como una transmisión personal de sensaciones o sentimientos con un fin en sí mismo. Este fin podría ser en última instancia producir alguna de las seis emociones básicas: alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa y asco.

Como hemos dicho, el dilema surge cuando alguna de las dos actividades entra en el campo de la otra. Y llegados a este punto surge una cuestión mucho más importante: ¿Por qué buscar una diferencia y limitar las capacidades humanas de realizar cualquiera de las dos cosas de forma sublime? ¿Por qué no unir ambas en una forma superior a la suma de sus partes?

Es evidente que ambas por separado tienen sus limitaciones, y de hecho, el público se aburre cada vez más fácilmente ante cualquier publicidad vacía y directa para las masas, o ante el arte lleno e indirecto para las minorías.

Así, lo más lógico y racional sería dejar de ver la realidad según la limitada visión del ser humano, que piensa que si él mismo tiene un principio, un intermedio y un final, el resto de las cosas deben seguir el mismo patrón. Cuando vemos el todo, nos damos cuenta que al unir ambas disciplinas podemos llegar a más gente, que al fin y al cabo es el objetivo de ambas.

Tanto la publicidad como el arte sin público no son más que entidades en sí mismas, muertas sin sentido. Esto se puede deducir leyendo obras como «De lo espiritual en el arte», de Kandinsky. Todos podemos tener una opinión sobre este tema y esa opinión tendrá más o menos relevancia, pero cuando un grupo de genios de la Historia dice algo, quizás lo más sensato sería tomarlo en consideración.

Por eso, mi conclusión es que la división entre ambas materias tan solo obedece a la limitada visión de un grupo de pseudoprofesionales del diseño, la publicidad y el arte. Quizás están tan preocupados por su puesto, su cuota de poder y el cobro de sus honorarios, que pierden el verdadero interés por llevar ambos mundos a sus máximas expresiones… lo que sería un fin mucho más noble y digno del ser humano, a la par que eficaz.

 

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